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miércoles, 1 de enero de 2014

Jimena (Regalito de Año Nuevo)

Los gritos de Feliz Año inundaron el local, y unas manos la cogieron por la cintura con suavidad, pero con firmeza:
—Feliz Año Nuevo, Jimena.
—Feliz 2013, Lucas —dijo al tiempo que levantaba la copa que alguien le acaba de rellenar.
Tenerle tan cerca la desestabilizaba de un modo en el que no quería pensar. Su instinto le aconsejaba que huyera de él cuanto antes; su mente y su cuerpo, aletargados por el alcohol, parecían sentirse demasiado a gusto entre sus brazos.
—Cariño, no deberías beber más, has tomado medicamentos muy fuertes.
—Cielo —remarcó con retintín—, precisamente por eso necesito tomarme otra copa. ¿Todavía sigo hinchada?
Lucas asintió con la cabeza, incapaz de apartar la mirada de los ojos que tenía enfrente.
—Pues eso —dijo zanjando la discusión—. ¡Brindemos por el año que entra!
Lucas sabía que nada de lo que dijera iba a conseguir que Jimena dejara la bebida, y tampoco podía arrebatársela a la fuerza sin montar un número en el bar, así que hizo lo primero que se le ocurrió para que dejara de beber, volvió a cogerla por la cintura, la pegó a su cuerpo, bajó la cabeza hasta rozar nariz con nariz y la besó. Sin duda una forma poco ortodoxa de alejarla del alcohol, pero efectiva. Muy efectiva.
Jimena sintió que sus rodillas se doblaban como plastilina del mismo modo que sus labios se amoldaban a los de Lucas. Sin embargo, a pesar de los alcarreños, su mente se esforzó en buscar una causa distinta a la atracción. La parte práctica de su cerebro se rebelaba ante la cada vez más cercana posibilidad de sentirse atraída por él. Algo estúpido teniendo en cuenta la opinión que Lucas tenía de ella y que había escuchado de sus propios labios. Debía de haber una causa diferente a su exagerada reacción ante el beso que estaba recibiendo.
Vale que Lucas supiera besar, y vale que sus manos estuvieran marcando a fuego su piel a pesar del vestido que la cubría, pero ella ya había decidido que él no le caía bien. Y que bajo ningún concepto podía gustarle.
Su discernimiento dejó de funcionar con normalidad cuando estiró los brazos y rodeó su cuello con ellos, definitivamente el calor que sentía por todo el cuerpo era fruto del alcohol consumido y no de la pericia con que estaban besándola, así que iba a aprovechar el instante todo lo que pudiera, segura de que el efecto que le hacía desearle con pasión se pasaría junto con la borrachera.

2 comentarios:

  1. que ganas de tener el libro entero en mis manos!!

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  2. Menudo regalo!!! Y todavía hay que esperar al día 20! Bufffff que tensión!!

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