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lunes, 9 de marzo de 2015

Tiene delito...


Camino por la calle pendiente de los mensajes que me manda mi amiga Paula por el Whatsapp, no es que la historia que me cuenta sea nueva o intrigante. Es que me encanta cuando se pone en plan borde a atacar a su perfecto novio, a quién, ¡sorpresa!No soporto. 
Voy tan absorta en nuestra conversación que no escucho ni las bocinas de los coches ni el frenazo que acaba de dar un autobús para evitar atropellarme. Lo único que logra captar mi atención en ese momento, es el silbato del policía que, un minuto antes, estaba dirigiendo el tráfico, y que ahora corre hacia mí con un cuerpo de infarto y cara de pocos amigos. 
            Es al mirar a mi alrededor cuando soy consciente de que estoy parada en medio de la carretera. ¡Mierda!, ¿ahora qué hago? No me da tiempo a escapar. El policía, cómo no me había dado cuenta de lo guapísimo que era, se saca una libretita del bolsillo de la chaqueta y con voz grave me pide el dni. Las manos me tiemblan, no sé si por los nervios, o porque maldita sea, el agente del orden está... Mientras tanteo en mi bolso de Mary Poppins en busca de la cartera, miro disimuladamente sus manos en busca de anillos delatores, no hay ninguno ni tampoco marcas que indiquen que lo haya llevado recientemente.
Señorita Blasco.
—Vera. —Le corrijo. No soporto que use mi apellido, me da la sensación que va a regañarme igual que lo hacía mi profesor de lengua del instituto. Aunque, bien mirado, seguramente sea exactamente eso lo vaya a hacer.
—Señorita Blasco, ha estado a punto de provocar un accidente muy grave. —Me dice mientras garabatea algo en su bloc—, lo siento pero voy a tener que denunciarla por su imprudencia.
—¿Perdone? —¿he dicho que era guapo? Debía de estar ciega, este tipo es un capullo.
—Por su culpa el autobús ha tenido que frenar y a punto ha estado de colisionar con el vehículo de delante. Por no hablar de que varios vehículos más se han saltado la mediana para no arrollarla. Sinceramente, señorita Blasco, es usted un peligro andante. Estoy planteándome confiscarle el teléfono. —¿Es eso una broma? Seguro que sí, porque su boca sonríe.
—Agente, no ha sido culpa mía.
Levanta una mano con autoridad, por algo es policía, y me hace callar. Mientras sigue escribiendo en su libreta. ¿Tendrá muchos ceros la multa? Espero que no, acabo de gastarme el sueldo de un mes en unos zapatos.
—¿Cuánto voy a tener que pagar? —la paciencia puede ser una virtud, pero yo no soy virtuosa.
—Quinientos euros.
—¿Está de broma?
Ahora sí que alza la cabeza y noto el brillo divertido de sus ojos castaños, seguramente lo que él ve en los míos es pánico.
—Le aseguro que no. Ya le he dicho que el accidente podría haber sido muy grave.
—Y estar parados aquí en medio, es menos peligroso.
—¿Está sugiriéndome que la invite a una cafetería? —Creo que vuelve a bromear. Vaya, me ha tocado un gracioso.
—¿Serviría de algo?¿Me quitaría la multa si le invito a un café?
—No acepto sobornos.
¡Guárdate tus bromas, no estoy de humor¡ Me callo y le sonrió con sarcasmo.
Me tiende el papel, que acepto sin mirar, y me doy la vuelta haciendo una salida triunfal. Ya he pasado cuatro calles cuando por fin me decido a mirar la multa:
Javier: 994 454 483

¡Leñe! Pues sí que era guapo.

3 comentarios:

  1. Jajaja en que calle es? A ver si me pilla de paso!! ;-p jjaja

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  2. Pero esto de que libro es???? Me he quedado con ganas de más. De mucho más!

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