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martes, 25 de agosto de 2015

Ser mujer...

Y no morir de agotamiento.

No es un secreto para nadie que los bolsos son mi debilidad. Cuanto más grandes sean más contenta me pone hacerme con uno nuevo.

Personalmente creo que el paso de niña a mujer es cuando no puedes salir de casa sin colgarte un bolso del hombro. De hecho salir sin él es similar a los hombres que van solos a los bares a la caza de algún conocido con el que acoplarse. Parece que están cómodos, que se lo están pasando bien, pero en cuanto dan con alguien que les siga el rollo ya no hay quien se los quite de encima. 
Retomando el punto anterior volveré a afirmarme en que con la madurez el bolso se convierte en una prolongación de nosotras mismas. Nos colgamos de él para sentirnos acompañadas, lo adaptamos a nuestro estilo, a nuestros looks. Es una parte importante de nuestro vestuario y, no hay más que ver lo que contiene para comprender cuan necesaria es su presencia en nuestras vidas.
Le queremos a pesar de lo incómodo o molesto que puede llegar a ser (ejemplo: cuando llegamos a algún sitio y no sabemos qué hacer con él, dejarlo en el suelo hace que se vaya el dinero, las asas son demasiado cortas para colgarlo en el respaldo de la silla...) o pesado que pueda llega a ser.
Si eso no es amor, que alguien me explique qué lo es.


Porque, seamos sinceras, ni un maletín de primeros auxilios contiene tantos objetos salvavidas como los que llevamos nosotras en nuestros bolsos.
—Maquillaje.
—Toallitas perfumadas, para pequeños imprevistos.
—Pañuelos de papel. 
—Cartera/Monedero.
—Vicios varios, a saber: tabaco, chicles de nicotina...
—Gafas (de sol o para leer)
—Móvil y cargador, por si acaso se nos acaba la batería y nos quedamos incomunicadas del resto del mundo. 
—Libro/Ebook/Revista, con los que entretenernos en el metro o el autobús. 
—Libreta/ bolígrafo, para trabajar en cuanto tenemos un minuto libre. 
—Analgésicos, tampones, compresas…, para seguir manteniendo la cordura cuando estamos en esos días de locura.
—Miniaturas de perfumería, crema de manos, de labios…, para estar siempre perfectas (nunca se sabe a quién podemos encontrarnos por el camino)


Podría seguir, pero todas sabemos que la lista es interminable. Porque es un hecho confirmado por científicos internacionales que cuanto más grande es un bolso, más cosas le metemos dentro. No obstante, cargar con tus imprescindibles tiene sus ventajas, aunque ahora mismo nuestra espalda y/o nuestro brazo se queje de esta afirmación. 
Y es que está claro que una de las maneras más fáciles de conocer a una persona es echar un vistazo a lo que lleva a cuestas (cual carcacol estiloso). Con todo lo que se quejan los hombres de que no nos comprenden, de que tendríamos que nacer con manual… Y lo fácil que lo tendrían si se molestaran en meter la nariz dentro de nuestros dominios.
Y todo esto sin hablar de las mujeres que somos madres, que a todo lo anterior tenemos que añadir lo que cargamos para atender a nuestros hijos, que creedme no es moco de pavo (o de bebé, lo mismo da). En estas ocasiones, un bolso nunca es suficiente y el peso que cargamos se multiplica. ¿No os habéis fijado en el tamaño que tienen los bolsos de niño? Sí, esos que van colgados del carrito. Pues eso. Estoy segura que ahí caben por lo menos, media docena de bolsos normales.


Y para finalizar y sin querer hacer leña del árbol caído, os pongo un ejemplo de lo que sucede cuando sales de casa sin el susodicho kit de supervivencia, que os pasa lo mismo que a los Supervivientes del reality de Telecinco, picaduras de mosquito (nos hemos dejado el Autan), malos humores (lo que provoca no poder entretenerse mientras esperas al autobús), hambre (mira que dejarte el monedero), niños con el eterno ¡me aburro! y, demás contratiempos cotidianos como que se ponga a llover y tú sin enterarte porque te has quedado sin batería en el móvil y encima te has dejado el paraguas plegable en casa.
Pero oye, la salud es lo primero. La pena es que para evitar el dolor de espalda te encuentras con que tienes dolor de cabeza.
Lo dicho, ser mujer y no morir de agotamiento es muy, muy difícil.

3 comentarios:

  1. ¿Que haría yo sin mis bolsos? ¿Cómo animarme en los momentos bajos? ¿Cómo si no iba a salir a la calle con una sonrisa? Solo pido una cosa: no me regalen bolsos!!!! siempre hubiera elegido otro...

    Mil besos!!!

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  2. Te tengo que dar la razón. Yo llevo hasta una mini linterna, que habré utlizado, a lo sumo, dos veces en diez años pero estoy segura de que si la quito, esa semana la necesitaré, jajaja !!!
    Besos !

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