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domingo, 31 de julio de 2016

Lee Martina mezclada, no enredada.

Hola a tod@s, este lunes pudisteis descargar gratis Martina agitada, no revuelta y hoy, finalizo la semana con los dos primeros capítulos de Martina mezclada, no removida.
¡Feliz domingo!


1. He vuelto para quedarme.
Hola a todos mis lectores, ¿me habéis echado de menos? Espero que sí porque si no esto no va a tener mucho sentido. Si os sirve de algo yo sí que os he echado de menos a vosotros. Esta complicidad que compartimos le pone encanto a mi vida, os lo confieso. ¿Qué sería de mí sin estos momentos a solas frente a mi teclado compartiendo con vosotros mis locuras?
Aprovecho este momento para agradeceros los mensajes que me habéis dejado para animarme, para compartir conmigo vuestras alegrías o pedirme que volviera a este mundo virtual. Lo habéis conseguido, aquí estoy de nuevo.
El caso es que tenéis razón y ahora que tengo mi vida sentimental solucionada, o en su defecto, por el buen camino: he decidido intentar solucionar también la vida laboral, que de un tiempo a estar parte no ha dejado de variar.
Porque aunque me he acostumbrado a eso de dar consejos, trabajo que por cierto se me da muy bien, la espinita de trabajar en Divinity (sigo dispuesta a aceptar el empleo que me ofrezcan sea el que sea) todavía me pincha de vez en cuando y, como la esperanza es lo último que se pierde y el que la sigue la consigue, aquí estoy yo, parafraseando al saber popular y retomando la lucha por mis sueños más chic.
Retomando a Martina aunque ya no está agitada, ni revuelta sino mezclada, no enredada, que el amor es lo que tiene, nos cambia sin que nos demos cuenta. Y ¿qué queréis que os diga que no sepáis todos ya? Que las mezclas a veces ofrecen los mejores sabores y que enredada se vive muy bien.
Lo dicho, lectores y amigos, i´m back. Y solo añadiré, Divinity, prepárate porque hay mucha Martina para ti y viene con ganas de llevarte al huerto.

                      2. Soy la leche en polvo.
No sé qué les pasa a los hombres. Las teorías más extendidas dicen que vienen de Marte y nosotras de Venus y, visto lo visto, voy a empezar a creer que es cierto.
De acuerdo que soy una mujer interesante, no voy a pecar de falsa modestia. Ya sabéis que no va conmigo, pero el acoso al que me veo sometida por los hombres que me rodean, no tiene sentido.
Después de todo soy la misma mujer a la que le costó media vida encontrar al hombre de sus sueños, o en su defecto del Metro y, no porque no fuera por la vida con los ojos abiertos como platos sino porque inexplicablemente ellos no me veían a mí. Y ahora mi invisibilidad se ha revertido por completo.
Según mi amiga Julia desde que estoy con Alfonso me veo más guapa. Yo tengo otra teoría, estoy convencida de que ahora me ven como la fruta prohibida que no pueden conseguir. Los hombres me miran y piensan, qué mujer más preciosa, seguro que tiene novio y no va a hacerme caso por mucho que la piropee. Y tienen razón, bueno, casi. Porque qué mujer en el mundo se queda indiferente ante un buen piropo y no hablo del tipo obrero:
¡Oye nena! ¿Crees en el amor a primera vista, o voy a tener que pasar dos veces?
¡Guapa, tengo el pene para partir almendras!
Ordinarieces no, por favor. Yo hablo de frases que expresan sentimiento:
¿Le importa si la miro durante un ratito? Quiero recordar su cara para mis sueños.
Esas que te dejan con la sonrisa en los labios durante todo el día, aunque sea lunes. Y de las que, de un tiempo a esta parte, me obsequian casi cada día. Si no fuera porque estoy enamorada…
La primera vez que experimenté este fenómeno fue la primera vez que pisé mi nuevo trabajo. Cierto que al ser mi primer día había tenido mucho cuidado con mi ropa: falda tubo y blusa lady, pero ni siquiera eso justifica la actitud masculina. Si sois entendidos en moda sabréis que la falda lápiz llega justo por debajo de la rodilla y que la blusa te tapa hasta el cuello con un precioso lazo que tiene poco de sexy. Vamos, que iba recatada a más no poder.
Y aun así, en cuanto mi jefe me presentó a mis nuevos compañeros y me asignaron una mesa, una masa impaciente de hombre se lanzó sobre mí cubriéndome por completo y, os aseguro que aunque suene exagerado, es la pura verdad. Mi amiga Julia tuvo que hacerse hueco para venir a saludarme y darme la bienvenida como corresponde. Lamentablemente mi atractivo molestó un poco a mis compañeras, que me vieron como una fuerte rival en el interés masculino de la redacción y, me costó un poco más ganármelas.
Siendo sincera, me costó seis horas, todas comenzaron a adorarme cuando supieron que Alfonso Torres es mi novio. Pero es comprensible, Alfonso es mucho Alfonso y Martina mucha Martina, si es que somos la pareja ideal. Guapos, enamoradísimos y si mis planes no se tuercen, famosísimos.
Pero vuelvo al tema, que es hablar de mi chico y me desvío. Mi chico, qué bien suena eso, ¿verdad? ¡Qué bonito es el amor!
¡Venga! Ya no digo más. Me centro a la de tres: una, dos y tres.
El caso que aquí nos ocupa es que desde que tengo pareja soy irresistible para los hombres. Lo que:
1)      Me asombra.
2)      Me encanta.
3)      Me molesta, porque X) estoy enamorada, pero no ciega.
              Y) la tentación es mucha.
            ¡Madre mía! Acabo de descubrir que el amor es como una ecuación.
            Si al final la clave va a estar en despejar la incógnita, sea quien sea la tipa esa.
            Aunque ahora lo que importa es mi problema: ¿qué hago para que los hombres dejen de desearme? Jamás pensé que me preocuparía por algo así. ¡Qué dura es la vida de una sex symbol! Tampoco es que quiera que pasen de mí por completo sino que me hagan el caso justo para que Alfonso comprenda que soy una perita en dulce para cualquier hombre y que tiene que esforzarse por mantenerme contenta porque hay muchos hombres deseando sustituirle… ¿Sabéis qué? Que tras mucho reflexionar (aproximadamente setecientas palabras) he decidido que voy a quedarme como estoy. Después de todo no es tan malo que los chicos te inviten a café, que todas las mañana te digan lo guapa que estás, o que te miren con interés mientras tecleas tus fabulosos consejos. Sí, decidido. Me quedo como estoy y que me quiten lo bailado.

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